miércoles, 2 de septiembre de 2009

La puta sumisa y cornuda de su mujer

Carola es la puta sumisa de Lucía, es decir, su marido cornudo femenizado, porque tiene el pito tan pequeño, 8 centímetros, que es poco hombre y no se merece otro tratamiento. Eso me dijo su mujer, Lucía, cuando la conocí y le pregunté por qué él andaba casi siempre unos pasos detrás de ella o por qué le pedía permiso para ir al aseo.

O por qué cuando estaban en un pub él se apartaba si algún hombre se acercaba a ella con intención de ligar, como fue mi caso pues la vi en la barra acompañada de un tipo que le sostenía el bolso, le daba fuego, le pedía las copas, le colocaba el taburete y le traía el tabaco de la máquina con una devoción que llamó mi atención y me atrajo. Siempre me han gustado las mujeres dominantes y aquella, además de guapa y tía buena, lo era. Y mucho, por la forma de tratar a su pareja.
- Es mi puta, mi perra sumisa -me dijiste una vez que me acerqué y te pregunté por ello.

Y congeniamos. Yo te dije que me gustaba follar con mujeres dominantes que tenían maridos sumisos y feminizados y tú me dijiste que eso era precisamente lo que hacías con tu marido, con el cornudo de carola, que cuando le hiciste un gesto, se acercó de nuevo a ti para que pagara la cuenta y nos llevara a casa. Porque el cornudo nos llevó a tu cada en el coche, mientras tú y yo nos besábamos, nos metíamos manos y me chupabas la polla.
- Mira, cornudo, me estoy comiendo una polla de verdad, porque lo que tú tienes es un ridículo pito.

Y seguiste chupándome la polla mientras yo te metía mano en tu mojado coño y tu marido cornudo, carola, nos miraba por el espejo retrovisor. Hasta que llegamos a la puerta de tu casa donde él, se bajó, nos abrió la puerta del coche y nos invitó a subir a vuestro piso. Un elegante piso en el que tu cornudo nos invitó a pasar, nos llevó al sofá, nos preparó unas copas y te pidió permiso para salir. Y tú se lo diste, claro, aunque él ya sabía lo que tenía que hacer porque al rato apareció desnudo con una bandeja en la que había varias bragas de diversos modelos.

- Elige tú qué bragas quieres que se ponga el cornudo para vernos follar -me dijiste
Y no supe, dudé, pero al final me decidí por un tanga.
- Pónselo tú, -me dijiste-, porque quiero que el macho que me va a follar lo humille poniéndole unas bragas. Quiero que así se sienta más puta, más cornudo y más sumisa.

Y se las puse y luego tú terminaste el trabajo poniéndole un delantal de doncella y pintándole los labios. Y de esta guisa nos fuimos los tres al dormitorio, donde el cornudo, digo, carola, se arrodilló al lado de la cama aguantando una bandeja en la que estaban nuestras bebidas, mientras nosotros follábamos. En realidad eres tú, Lucía, la que follabas porque te pusiste encima de mí y me follaste toda la noche porque tu carácter dominante siempre aparece y eres tú siempre la que manda.

Al día siguiente amanecí entre tus brazos y volviste a follarme mientras el cornudo, carola, preparaba el desayuno y nos lo traía a la cama vestido de doncella, de puta cornuda y sumisa.

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