viernes, 18 de septiembre de 2009

La putita sumisa



Noelia era un chico alto, fuerte y atractivo. Tenía un pito pequeño, pequeñísimo y desde muy joven se había sentido más putita sumisa que macho. Cuando yo lo conocí tenía un blog en Internet en el que contaba sus fantasías y sus experiencias, pues iba de un Ama a otra y no encontraba a la definitiva: una mujer que lo convirtiera en putita sumisa y le pusiera los cuernos, además de dominarlo y someterlo. Era bastante masoca, con un nivel de dolor alto y le iba mucho el faceslapping (abofetear) y la feminización. Solía vestir por casa braguitas y sujetador.

Había tenido varias novias, peor no se había compenetrado con ninguna de ellas. Unas por su pito pequeño y otras por su carácter sumiso y cornudo (lo tomaban por un enfermo), lo habían abandonado. Cuando yo lo conocí me comentó todas estas circunstancias y lo comprendí. Quería que yo lo dominara como mi puta sumisa, pero le dije que a mí no me iban los tíos solos. Tenía que ser en pareja. Pero él no la encontraba, no la tenía. Estaría encantado de tener pareja, novia o mujer para poder someterse a ella y a mí, pero no la tenía no la encontraba. Y sufría.

Le aconsejé que visitara las páginas de contactos y que procurara buscar una mujer inmigrante que quisiera regularizar su situación en España con un matrimonio (algunas pagan por ello) y que, por tanto, estarían encantadas de disponer de un tío que trabajaría para ellas, les daría la nacionalidad y además sería su criada para todo. Le pareció bien la idea, pero no encontró a ninguna. La mayoría le querían sacar el dinero y abusaban de él. Y él lo que buscaba era una relación D/s, pero por amor, con cariño.

Le aconsejé entonce que recurriera a las putas, que se fuera por los pisos en los que se prostituyen las chicas y que se acostara con ellas, porque quizás, cuando vieran su pito tan pequeño y no pudieran hacer nada, él podría confesarle su problema y alguna quizás, lo comprendiera y querría tener una relación con él. Eran muchos los hombres que retiraban a las putas y era casi normal en ese mundo. Que lo intentará.

Y lo intentó, porque tras mucho ir de aquí para allá, conoció por fin a una chica que lo comprendió, le dio su afecto y se encariño con él. La única condición que ella puso es que, por supuesto, ella no haría nada en casa, las labores domésticas eran cosa de él, a ella no le faltaría ningún capricho y, por supuesto, tendría los amantes que quisiera.

Y él aceptó encantado y desde el primer día que vivieron juntos, en su chalé de las afueras, llevaron una vida de disciplina doméstica. Él feminizado por casa con las labores domésticas, cuando no atendía su negocio, y ella disfrutando como una reina con sus amigas, sus amantes y sus compras. He de hacer constar que ella jamás se aprovechó económicamente de él, no le pidió dinero, pero él le daba todo lo que ella le pedía y necesitaba. Vivía como una reina, nunca mejor dicho.

Y así fui como la conocí a ella porque él le había hablado de mí, de mis consejos y quería conocerme, querían tener una ración de cuernos conmigo porque el amante fijo de ella se había marchado de viaje y no tenían a nadie a quien recurrir. Vivían en una ciudad pequeña de provincias y no querían llamar la atención. Y un día acudí a su casa donde me abrió noelia vestido con las braguitas y el sujetador que su mujer desechaba, por viejos, y que él lucía encantado. Llevaba también un cinturón de castidad CB-3000 bajo la braguita y los labios y pezones pintados de rojo. Para sentirse más puta, según me confesó su mujer una vez que la vi y se abrazó a mí para darme un beso de tornillo que me dejó a punto de caramelo.



Tenía la polla dura no sólo por el beso y el magreo con ella, sino por la situación, porque que un cornudo sumiso te ofrezca a su mujer para que te la folles, gratis, cuando además ella ha sido puta, es sumamente morboso: él la había retirado para que los demás se la folllaran gratis y así sentirse aún más cornudo. Tenía morbo todo aquello. Ella demás me estaba muy agradecida porque gracias a mis consejos había conseguido un matrimonio de película pues vivía de maravilla y no le faltaba de nada.

Y él la quería de verdad y se lo daba todo. Así que cuando dejó de morrearme, le dije a él que la desnudara y fue quitándole la ropa, prenda a prenda, y ofreciéndome a su mujer para que me la follara.
- Follátela, te lo suplico -me decía arrebatado.
- No es sólo follar. Quiero más.
- Tienes razón; , quiero que me hagas cornudo y me lo digas.
- Siempre serás cornudo, porque aunque tu mujer no folle con otro, con sólo desarlo, ya lo eres.
- Lo sé, pero necesito verlo, saberlo, sentirlo.
- Tienes la suerte de haberte casado con una puta que ha follado con muchos tíos, mientras tú no has podido porque la tienes muy pequeña. Eso para ti debe de ser un orgullo.
- Lo sé. Y estoy orgulloso de ello.

Y era verdad, porque cuando la tuvo desnuda la llevó a la cama, la dejó sobre las sábanas, le abrió las piernas y luego se agachó voluntariamente para chupármela, para chuparme la polla y poner mela dura, aunque no hiciera falta porque toda aquella situación ya me tenía excitado. Así que lo aparté, me recosté sobre la cama para ponerla a ella encima y que se clavara y él pudiera ver desde los pies, como mi polla entraba y salía del coño de su mujer mientras ella subía y bajaba sobre mi polla.
Ellas tenía unas tetas preciosas, unos pechitos que se balanceaban de aquí para allá con los movimientos y que me metía en la boca para que los chupara.
- El tiene prohibido chuparme las tetas, así que chúpamelas y magréalas, por favor

Y le chupe las tetas y se las sobé sabiendo además que era territorio virgen, que él jamás las había besado ni tocado, lo que me producía un placer inusitado que me llevó prácticamente a correrme, aunque cuando iba a llegar, su mujer se dío cuenta, se apartó, se puso de rodillas junto a la cama y me dijo que me corriera sobre sus tetas. Y cuando me hube corrido, llenándoselas de leche, ella cogió la cabeza de su marido y le hizo que por fin le chupara las tetas, que le chupara los pezones llenos de mi leche.
- Toma, mama, mi cornudo, que esta es la leche que quiere una putita como tú.

Y el cornudo le mamó y chupó ávido las tetas, los pezones y las dejó limpias a lametones que le hicieron gozar, y mucho,porque aunque no se le pusiera dura, él tenía orgasmos. Eso me dijo ella mientras él le chupaba los pezones y ella le apartaba la cara para darle alguna hostía, antes de volver a llevarle la boca a sus pezones.

Fue entonces cuando ella me hizo un gesto para que me vistiera y me fuera porque a partir de se momento era cuando los dos empezaban a amarse: ella lo azotaba llamándolo cornudo y él le suplicaba que lo hiciera aún más puta y más cornudo.

Pero para eso querían estar solos. Era su intimidad y la respeté dejándolos allí amándose, a su manera. Porque se querían, qué duda cabe. Y mucho.