domingo, 13 de septiembre de 2009

Una cubana dominante y un marido cornudo con micropene



Laura es un mujer dominante que somete a su marido sumiso, Manuel, que tiene un pene muy pequeño, apenas mide 8 cm en erección. Ella es cubana inmigrante y lo supo en sus primeros escarceos de novios, cuando él fue a Cuba a buscar mujer porque en España no encontraba una chica adecuada para él. Todas las que lo conocían aquí lo dejaban porque cuando follaban con él no se enteraban de nada pues tenía el pene muy pequeño y apenas lo sentían. No le decían nada a él, pero se buscaban excusas para cortar con él y dejarlo.

Y él cumplía años sin encontrar una mujer adecuada. Le dijeron que en Cuba era fácil encontrar mujer y allí se fue de vacaciones. Conoció a varias chicas, pero le gustó Laura porque aparte de que no le decía nada de su pito pequeño, era bastante dominante, le recordaba a una asistenta que había tenido en su casa, cuando niño, y que le zurraba el culo cuando era pequeño y se reía de su pequeño pito. La criada le llamaba pito, "porque tú jamás tendrás polla", le decía mientras lo azotaba sobre sus muslos.

Así que Manuel se fue a Cuba, conoció a Laura, se enamoró de ella y ella también de él, porque aparte de guapo y con posibles (tenía un buen negocio de hostelería), la verdad era que era muy cariño y sobre todo sumiso. La obedecía en todo lo que ella le decía y era el marido que ella iba buscando. Siempre había querido un hombre manejable, calzonazos y que se amoldara a sus caprichos.

Lo había vivido en su casa pues había visto cómo su madre llevaba los pantalones e incluso le pagaba su padre palizas, cuando él venía borracho. Y le había gustado siempre mandar, gobernar a los hombres. Así que no tomó en cuenta el micropito de Manuel, porque ella le dejó claro la primera vez que se acostaron que ella tendría derecho a estar con otros hombres.
- Compéndelo –le dijo-, con ese pene tan pequeño no gozo.
- Tienes razón, pero que sea sólo sexo.
- Será sólo sexo, porque te amo a ti.

Y cuando llegaron a España y se casaron, ella ya le puso los cuernos en la noche de bodas con un compatriota que vivía aquí y al que conocía desde hacía tiempo. Desde antes de que saliera de Cuba para trasladarse a España. Manuel lo comprendió y una vez que la subió en brazos a la habitación vestida de blanco, la dejó en la cama y le abrió luego la puerta al amante de su mujer para que follara con ella en su noche de bodas. Él lo pasó de maravilla arrodillado en la alfombra mirando como su hermosa mujer follaba con el negro, mientras que él se acariciaba su pequeño pito que ni tan siquiera se lo ponía duro. Pero eso no significaba que no sintiera placer.

Lo sentía y pude comprobarlo personalmente cuando quedé con ellos a través de Internet. Los había conocido a través del blog y ella me escribió para que contactara con ellos, pues su amante negro se había marchado a Cuba y se sentía sola. Quería un macho para humillar al cornudo de su marido y satisfacerse ella con una buena polla.

Y quedamos. Yo vivía en una provincia alejada y ellos se trasladaron a un hotel de la capital en la que resido. Y cuando entré en la habitación que me habían dicho por teléfono, me encontré a Laura vestida con lencería muy sexy y a Manuel arrodillado entre sus muslos vestido con unas braguitas y un sujetador. Le estaba dando de hostias porque la había llamado puta cuando ella se negó a quitarle el cinturón de castidad. Habían dejado la puerta abierta y cuando entré ella le daba de hostias, pero con calma y sosiego, espaciándolas para mirar como a él se le ponía la cara roja y le deba las gracias por la bofetada.

A él a demás le gustaba mucho el "faceslapping", que es una expresión inglesa para referirse al castigo con bofetadas. Tenía muchos vídeos, según me había confesado ella, así que no me extrañó.
- Lo estoy castigando porque me ha llamado puta.
- Es que te lo llama para que lo castigues y cases en su trampa.
- Pues no lo había pensado

.

Pero yo no había ido allí para castigar a su marido sumiso y cornudo, sino para follar con ella, así que la cogí de la cintura, la besé en los labios y la traté con mimo y ternura. Me gustaba la chica, era atractiva, con esa belleza exótica de las cubanas y tenía la piel morena y los pezones grandes y oscuros. No me extraño que su marido estuviera loca por ella porque era guapa, atractiva y además dominante. Le gustaba llevar la voz cantante y enseguida ordenó a su marido que se pudiera junto a mí, nos cogió a los dos nuestros pitos y los comparó en tamaño y grosor.
- ¿Comprendes ahora por qué tengo que follar con otros?
- Sí, amor mío. Mi pene es tan ridículo que es normal que te gusten las pollas de verdad.
- No es sólo por eso, cariño.
- No, mujer; también sé que aunque yo tuviera la polla más grande me seguirías poniendo los cuernos.
- ¿Por qué cielo?
- Porque yo soy un marido sumiso al que el gusta que su mujer lo humille y lo haga cornudo.
- Cierto, cariño, te los pondría aunque fueras el hombre más dotado del mundo, porque es lo que tú quieres, lo que deseas y lo que siempre has soñado.
- Es cierto, cariño. Tienes razón.

Siempre la tengo, le dijo a su marido mientras me miraba sonriendo y le decía a él que se echara en la cama boca arriba. Y luego ella se echó encima de él y me dijo a mí que me la follara y que su marido me pondría la polla en su coño, además de aguantar debajo el peso de mis embestidas. Y eso hizo el cornudo de su marido. Me la cogió, la puso en la boca del coño de su mujer y sólo tuve que empujar porque la tenía dura, muy dura, pues además el cornudo me animaba a follármela, suplicándome que lo hiciera cornudo.
- Fóllate bien a mi mujer, por favor, que yo no puedo con mi micropito.
- Lo haré, no te preocupes.

Y me follé a Laura o Laura me folló a mí, que todavía no lo tengo muy claro, porque ella se movía hacia adelante y atrás para acompasar mis embestidas y para rozar con su culo el micropito de su marido que debajo de los dos, suspiraba, gemía y gozaba.
- No se le empina, pero goza mucho.

Y era cierto, porque no dejaba de jadear y esos gemidos de placer llevaron a su mujer a correrse espasmódica, mientras yo lo hacía sobre un coño húmedo, mojado, casi encharcado. La muy zorra disfrutaba poniéndole los cuernos a su marido. Luego me confesó que siempre lo tenía a él delante cuando follaba con otro, porque lo que de verdad le gustaba era la humillación y cornearlo.
- Si no está él delante no me excito, no me hace gracias, porque aunque no lo creas lo quiero mucho y jamás le haría daño.
- Lo sé, sólo el das lo que él pide.
- Bueno, a veces. Generalmente le doy lo que a mí me da placer, pero es que su placeres ver que yo lo tengo.

Y se levantó, le dijo a su marido que se pusiera de rodillas, nos sentamos los dos en la cama y vimos cómo él, por fin, se podía correr porque Laura le dio permiso para que viera como se corría un cornudo.
- Pro antes, límpiame el coño, cariño.

Y Manuel se lo dejó limpito de mi leche y luego se separó y comenzó a masturbarse vestido aún con las bragas y el sujetador, hasta que se corrió sobre el suelo, pero para mí sorpresa, su corrida fue tan sólo de una pequeñas gotitas que cayeron en el suelo y que ni se veían.

- Como ves no tiene ni semen. Sus corridas son de cornudo, es decir, de tío micropene porque lo que más le gusta es estar femenizado, llevar mis bragas y sujetador y se conoce que eso le afecta.

Y era cierto, porque después de correrse volvió a suplicarnos que volviéramos a la cama para seguir follando. Y lo hicimos, volvimos a follar mientras él le besaba a ella la mano y le decía que la amaba. Porque la amaba, era cierto. Y ella a él.
He vuelto a verlos algunas vez más, cuando me llaman, y siguen felizmente casados.

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