viernes, 19 de febrero de 2010

Puta, cornudo, doncella y mayordomo



Ya eras mi amante cuando me dijiste que tu marido te había confesado que tenia fantasías de ser sumiso contigo. Y yo te dije que lo aceptaras, que lo fueras convirtiendo en sumiso, que le siguieras el juego y te fui dando instrucciones para ello. Lo primero la castidad total y absoluta para tenerlo en celo, lo segundo que no te follara más. Lo tercero que fueras administrándole el placer y el dolor, sin que él pudiera separar lo uno de la otra y para ello deberías acariciarlo y masturbarlo, sin llegar, con unas pinzas en los pezones.

Y pasaron los días y poco a poco lo fuiste metiendo en el mundo de la D/s porque él fue sacando el alma sumisa que llevaba dentro. Luego tuvimos que llevarlo a un punto en el que confesara que quería ser también cornudo, como una situación lógica a la situación que manteníais, porque los cuernos son el colofón de la entrega, aceptación plena de que se es sumiso y que se entrega lo que más ama.

Y un día que lo acareabas la polla, tras algunas semanas de castidad, le preguntaste si quería ser carnudo, si tenía la fantasía que verla a ella follar con otro y él te dijo que no. Pero su polla se puso duro. Se lo comentaste y tras muchos titubeos reconoció que sì, que quería serlo. Que quería experimentar la sensación de entrega, de entregar a su mujer a otro macho para sentirse así humillado y sometido. Y feliz. Y cuando me lo comentaste, lo hicimos: Llegué a tu casa y él me estaba ya recibiendo en la puerta vestido sólo con unas braguitas con objeto de que sintiera femenina y comprendiera que allí tenía que haber un macho.

Y follamos delante de él, que nos miraba embobado y tenía la polla dura. Muy dura. Gozaba, según te confesó después, cuando fuimos avanzando cada vez más y conseguimos que él mismo quisiera se mi sumiso. Un día que llegué a vuestra casa, se arrodilló, me bajó la cremallera, me sacó la polla y me dijo que era mi sumiso.
- Te acepto como macho Alfa -me dijo con mi polla en sus labios. Te acepto como macho dominante. Por favor, fóllate a mi mujer.

Y me la follé, pero a partir de ese día tú también fuiste sacando tu alma sumisa y querías ser mi esclava, mi puta, por lo que compré un chalé en las afueras y os instalé allí. Él no podía follarte, tenía que pedirme a mí permiso para hacerlo, y tenías que estar a mi disposición las 24 horas del día.

A ti te contraté como secretaria y a él como jardinero y os puse el chalé a vuestro nombre. A cambio tenías que recibir allí a las visitas que yo quisiera, ya fueran hombre, mujeres o matrimonios. Y lo hicisteis, y además muy bien, porque al chalé acudían algunos matrimonios amigos míos para hacer fiestas con vosotros, ellos vestidos y los dos desnudos, o algunos clientes míos a los que enviaba allí para que disfrutando de la puta y el cornudo sumiso.

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