jueves, 27 de enero de 2011

La chica sumisa y su marido consentidor (II)



Mi sorpresa fue cuando tu marido se lanzó hacia tu coño y comenzó a lamerlo para dejarlo bien limpito. Y eso hizo de nuevo cuando te follé de nuevo en el suelo y en el cuarto de baño.
Pero me sorprendió aún más cuando él se quito el cinturón del pantalón y me lo dió.
- Azota a la perra. Creo que es una mala puta y hay que emputecerla aún más.
Y yo cogí la correo y te pregunte si querías que te azotara el culo por ser tan zorra. O mejor dicho, por no haber sido tan puta zorra como nos habías prometido.
- Sí, castígame, por favor, porque no he sido todo lo puta que debo ser, todo lo perra que llevo dentro. Quiero ser más perra y ser más emputecida -me suplicaste.

Y te azoté el culo con mi correa, mientras tu lo sacabas más para ofrecerlo mejor al castigo. Me sorprendí cuando terminé la tanda y tú me pediste más.
- Azótame más, Amo, que no he sido una buena puta y quiero ser emputecida aún más.

Y te di otra tanda, aunque paré de inmediato cuando me suplicaste que te diera otra. Ahí mandaba yo y no te iba a permitir que tú decidieras y mandaras. Estaba cansado y nos quedamos durmiendo abrazados los dos, mientras tu marido bajaba a por el coche. Nos despertó los bocinazos de él que ya estaba aparcado en la acera. Y te dije que te vistieras con la minifalda que ya llevabas, pero que la subieras aún más para enseñar los muslazos. Y bajamos a la calle, subimos al coche y te metí mano y nos morreamos de nuevo, mientras tu marido miraba por el espejo retrovisor.















- Lleva cuida y no mires mucho por el espejo porque podemos tener un accidente -le sugerí.
Pero él no dejaba de mirar como te morreaba, como te tocaba las tetas, los muslos el coño y cómo tú me chupabas la polla.
- Me gusta lamerte los huevos, mi Amo. Me encanta. Me siento más emputecida.

Lo sé, cariño, pero ahora lo vas a ser de verdad. Ya veremos cómo te comportas. Y seguiste chupándome los huevos y la polla, mientras tu marido miraba por el espejo retrovisor y nos llevaba a las afueras, a una zona en la que las putas hacen la carrera, es decir, la carretera, en los aledaños de una gasolinera.

Y cuando llegamos te dije al oído que sacaras el cuerpo por la ventanilla y te ofrecieras al primer tío que te gustara. Gratis. Y tú sacaste medio cuerpo, miraste a los clientes y cuando viste a unos jóvenes que salían de comprar licores de la tienda de la gasolinera, los llamaste y les preguntaste si querían que les chuparas la polla. Gratis, añadiste.

Y no sólo dijeron que sí, sino que fueron detrás del coche hacía una zona más apartada y oscura y allí se pusieron en fila con los pantalones bajando para que tú fueras chupándoles las pollas a todos, mientras tu marido salía del coche y se masturbaba mirando como su mujercita hacía de puta, se la chupaba a uno, se tragaba su semen y cogía la polla del siguiente.

Eran 5 jóvenes salidos y potentes, así que estuviste más de una hora chupándoles la polla uno a uno, aunque a veces cogías a dos a la vez. Mientras tanto yo te pellizcaba los pezones, te hacía daño, eso creía, pero como no parabas de gemir con las pollas en la boca supuse que te gustaba, porque tenías el coño mojado y habías encharcado la tapicería del coche.
Y cuando tu marido se hubo corrido por última vez, me hizo gestos para que nos fuéramos. Y no precisamente porque se hubiera cansado, sino porque había visto venir un coche de policía. Y lo dejamos.
Regresamos a la ciudad y quedamos para otro día, pero esa es otra historia.

Publicado en el blog Sumisa O

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