viernes, 17 de agosto de 2012

Cornudo y feliz, muy feliz


Ella lo había visto trasteando por algunas páginas web. Me lo comentó en el trabajo. Le dije que se comprara un strapon de cintura de esos que usan las lesbianas y algunas parejas para jugar. Se atan a la cintura y hacen las funciones de pene. Ella lo compró y una noche se lo puso. Jugaron con él, ella se lo puso y simuló con su marido, en plan broma,  que ella era el macho y él la hembra. Simuló que lo penetraba, aunque no lo intentó. Todavía. Al día siguiente me lo comentó.

Una noche ella quiso penetrarlo y lo consiguió, aunque él refunfuñó un poquito. Al día siguiente me lo comentó. Otra noche ella lo obligó a que le chupara el consolador, como si fuera una polla de tío. Él lo  hizo con inusitado fervor. Al día siguiente me lo comentó.

Otra noche ella llegó a casa y se encontró a su marido sentado en el sofá viendo la televisión. Ella se echó a llorar, se puso de rodillas frente a él y le dijo que tenían que hablar de algo muy serio. ¿Quería el divorcio?, le preguntó él angustiado. No, no lo quería, pero había pasado algo que quizás lo llevara a él a querer divorciarse de ella. Entonces ella le confesó que había tenido un desliz con un compañero de trabajo, que se habían emborrachado en una fiesta de la oficina y que luego, tras acudir todos a una discoteca, él la había abrazado para bailar, se había excitado y lo había seguido cuando él le propuso ir a un hotel cercado. Lo habían hecho. Habían follado.

Ella le dijo entre sollozos que sólo era sexo, que lo amaba a él pero que no había podido resistirse debido al alcohol y a que él era muy persuasivo y muy bueno para calentar a las mujeres. Ella le pidió perdón y entre sollozos le dijo que comprendería que se quisiera divorciar de ella, que ella no pediría nada, ni tan siquiera dinero para mantener a la hija que tenían en común.

Él le cogió la cara, le dijo que no llorara y que si sólo había sido sexo y ella lo seguía amando, no pensaba divorciarse. Que la perdonaba porque un desliz lo tiene cualquiera.
- Yo a ti no te perdonaría nunca si te acostaras con otra –le advirtió ella.
-  Bueno, cada uno es como es. Yo sí te perdono.

Esa noche follaron, jugaron con el strapon y él le preguntó varias veces si el chico de la oficina follaba bien, si la tenía grande y si había gozado con él. Ella se mostró recatada y no quiso contarle nada, pero ante su insistencia le confesó que sí, que había gozado, que se había corrido varias veces en un mismo polvo. Que había descubierto que con él era multiósgasmica, algo que jamás había sido con ningún otro hombre.
- ¿La tiene más grande que yo?
-  Sí, le dijo ella. Mucho más grande.
-  ¿Y folla mejor que yo?
-   Sí, la verdad es que sí. No te puedo, ni quiero engañarte.

Él calló, no le dijo nada más, pero ella notó que tenía la polla dura.
Al día siguiente me lo comentó.

Otra noche ella llegó muy seria  a casa y él le preguntó que le pasaba. Ella se puso a llorar y le dijo que había caído otra vez en los brazos de su compañero de oficina, que no había podido evitarlo, que tenía algo que la hacía mojar el coño y no podía resistirse. Que comprendía que él se enfadara.

Pero él no se enfadó, la cogió en brazos y la llevo a la cama donde la denudó con mimo, le besó y lamió el coño y le preguntó si se había lavado. Ella le dijo que no, que todavía tenía el olor del macho que la había follado.
- ¿Cuántas veces?
-  Tres seguidos.
-  ¿Te has corrido?
-  Dos o tres veces por cada polvo.

Él siguió chupándole el coño, lamiéndolo con recreo y preguntándole qué tal era en la cama, qué le había hecho, cómo se la había follado. Ella le fue contando con detalles como la había follado contra la pared del hotel nada más llegar, como la montaba en la cama como una yegua, cómo se corría con sólo notar su polla en la entrada de su coño y cómo había perdido la cuenta de las veces que se había corrido.

Él comenzó a masturbarse mientras le lamía el coño a su mujer y se corrió sobre la alfombra. Ella se dio cuenta, lo abrazó y se lo llevó a la cama donde lo abrazó y le preguntó si le había gustado, si había gozado al masturbarse lamiéndole el coño recién follado por otro,  mientras ella le comentaba lo que le había hecho con su amante. Él le confesó que sí, que había gozado como nunca.
-  ¿Me das tu permiso para que folle con él cuando quiera?
-  Sí, amor mío. Pero con una condición.
-  ¿Cuál?
-  Que me lo cuentes todo y me llames por teléfono antes y después de hacerlo.
-   Te llamaré incluso cuando me esté follando
-   Gracias amor mío, por ser tan buena.

Ella me lo comentó al día siguiente y desde entonces ella tiene un amante fijo en la oficina y él oye todo lo que su mujer le cuenta. Incluso últimamente le pide que cuando lo llame por teléfono le insinúe que es un cornudo.
-   ¿Quieres que te llame cornudo?
-   Sí, mi amor
-  Vale, ya veo que te excita porque tienes la polla dura.

Desde entonces el cornudo espera a su mujer a que su mujer llegue para arrodillarse ante ella, bajarle las bragas y lamerle el coño recién follado. Luego se van a la cama y ella le besa la frente, lo llama mimosamente cornudo y le dice que es muy feliz.
-  ¿Tú también eres feliz mi querido cornudo?
-   Mucho, amor mío. Gracias por hacerme tan feliz.

Ella ya no me lo cuenta,  porque yo  estoy  junto a ella cuando lo llama a él antes de follar y lo oigo todo. Me entero de todo.

3 comentarios :

SexyDirtyWives dijo...

mmm un blog muy morboso, lo seguiremos a partir de ahora. Si quieres échale un vistazo al nuestro donde ponemos nuestras propias ilustraciones del tema "cornudo"


http://sexydirtywives.blogspot.com.es/

M. de un macho corneador dijo...

Ya os he enlazado. Tenéis un blog muy bueno.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Soy hombre maduro de 47 años, sano, pulcro, respetuoso, discreto, cordial, radicando en la Cd de México, dispuesto a acoplarme a los deseo y gustos de una pareja HOMBRE.Y MUJER decididos a realizar trio sexual, con o sin participación del esposo mi # whatsapp 5 5 29 69 64 5 0