domingo, 21 de octubre de 2012

Olerás la excitación que a tu esposa le ha provocado otro macho

Te escribo para decirte que he recibido el correo que tu mujer me ha enviado y en el que le cuentas a ella lo que has sentido al verla masturbarse. Pronto volveré del viaje que estoy haciendo con mi mujer y mis hijos y podré atenderte en los debidas condiciones que tanto anhelas. Los dos lo sabemos y deseamos. Los tres.

No me importa en absoluto que te masturbes. Me gusta mucho verte ahí gozar tú sola mientras yo te miro embobalicado. Lo que me puede es que mientras lo haces, mientras gozas, digas su nombre; el nombre de tu amante. Se nota que lo deseas, que lo echas de menos, que quieres que te folle. Y sigues ahí diciendo su nombre mientras te masturbas y gozas.

Lo deseas, quieres que venga a follarte, pero está de viaje. Con su mujer y sus hijos. Pero se conoce que tú lo echas de menos y te masturbas y corres llamándolo, citando una y otra vez su nombre. 

Y ahora que ya te has corrido entre gemidos y suspiros, me has recordado que él folla con dos mujeres: la suya y la mía, mientras que yo no follo con ninguna proque me tienes prohibnido hacerlo pues dices que mi polla no es digna de entrar en tu coño y además tu amante no quiere que lo haga. Y tú lo obedeces, Por eso me tienes en castidad. 

Eso me has recordado  mientras te quitas las bragas y me las tiras a la cara.
-Masturbarte mientras la hueles,  cornudo cabrón.
- Sí, mi amor.
- Quiero que goces siendo más cornudo al oler el placer que me ha provocado otro macho, otro hombre, mi amante: un hombre de verdad.
- Sí, mi vida –te he dicho mientras meto la nariz en la tela que ha tocado tu coño y aspiro el sabor y olor de tu excitación.
- Huele, cabrón: huele el placer que me provoca otro.
- Sí, mi vida.
- Pero no te corras, que te conozco y en cuanto te humillo te corres.

Y no me he corrido, he parado justo a tiempo. Y entonces me has atado las manos a la espalda, me has echado en la alfombre, me has atado las bragas a la cara y me has dicho que duerma así.
- Pasa la noche oliendo el placer que me provoca  un hombre de verdad.
- Sí, mi amor.
-  Duerme como un cornudo, como un cabrón.
 
Y me he quedado dormido diciéndote que te amo. 


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