sábado, 3 de noviembre de 2012

El roce con el cornudo

Relaciones sexuales sin penetración: tan cerca, pero tan lejos. En esta posición inclinada hacia adelante, es muy posible que la mujer pueda lograr un orgasmo agradable, manteniendo su palpitante pene de juguete de 3 a 5 veces más tiempo de lo que habría pasado en su interior, mientras le cuenta al cornudo de su marido cómo se ha follado a su amante, lo mojada que le ha puesto el coño, como se la ha chupado, como se ha corrido muchas veces porque tiene un pollón mientras que él sólo tiene un pito ridículo que ni tan siquiera se pone duro.

Para ello es menester que la mujer no le permita al cornudo que se corra, que siga excitado  mientras le relata sus aventuras, sus cuernos y los cuernos que tiene previsto ponerle con algún nuevo macho que haya conocido.  O el que piensa follarse pues ha visto a uno en la oficina que le gusta y ya está cortejándolo para poder follárselo. Con su consentimeinto, claro.
- ¿Verdad que consientes en que te haga cornudo? -podrá preguntarle ella.
- Sí, por favor -le contestará él.
- Pues entonces suplícamelo para que no haya dudas.
- Te lo suplico.
- Qué me suplicas
- Que me hagas cornudo.
- Tú lo has suplicado, que conste.


Así el cornudo seguirá excitado  pero sin placer por lo que  no pierde el deseo de ser humillado y corneado. Es ideal para contarle al marido lo cornudo que es y lo carnudo que va a seguir haciéndolo porque su amante es un macho de verdad, con una verdadera polla, y él  (su querido marido), sólo tiene esa pequeña pilila que no puede darle gusto a una mujer de verdad. Por eso eres cornudo, amor mío, le dirá ella. Y porque me gusta la humillación de serlo, le contestará él. 
- Suplícamelo, cariño.
- Te lo suplico, amor mío.

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