lunes, 12 de noviembre de 2012

Ven, cornudo, y déjame jugosa para que él me disfrute

Ven, acércate y lame. Sin miedo. Mete por fin tu lengua, mi querido cornudo, y lámeme el coño para excitarme, para dejarme mojada y jugosa,  y que mi macho me encuentre a punto, en su jugo. En mis jugos. Ven y déjame jugosa para él. Sé que te excita;  sé que te pone mucho excitarme para él, para que me goce otro, para que me folle otro macho. Para que otra polla penetre el coño de tu mujercita y se la folle bien follada. Te excita, cornudo. Los dos lo sabemos desde novios, cuando pegaste el gatillazo y te la puse dura contándome lo que había hecho con mis anteriores parejas. Porque al oírme se te puso dura, muy dura. Y los dos supimos qué te pasaba. Y qué me pasaba.

Pero no dejes de lamer, cornudo, sigue lamiendo mi coño. Porque como te iba diciendo, hasta entonces  yo jamás había gozado contigo. No es que la tengas pequeña, que la tienes en comparación con mi macho,  es que eres muy romántico y sensible y haces el amor, pero no sabes follar. No sabes tratar a una hembra como yo. No sabes como se folla a una mujer ardiente y pasional. Como se trata a una zorrita como yo que necesita que le den duro, que le den caña, que la follen bien follada y sin remilgos ni miramientos.

Pero no pares, cornudo y sigue lamiendo que quiero que me dejes jugosa para él, para mi macho. Porque te decía, y digo, que para dormir quiero ternuras, pero para gozar quiero follar. Y tú, mi querido cornudo, no sabes follar. Sólo sabes hacer el amor, pero de follar no tienes ni idea. Por eso Abel me folla tan bien, porque es un hombre de verdad, un verdadero macho. Porque él no se pone mis bragas como tú, ni hace la comida, ni realiza todas las labores domésticas como tú haces. Él es un macho de la vieja escuela, a lo bestia, que coge a una mujer como yo, la folla, la disfruta y la deja. Sabes como tratarme, como darme placer, como usarme.

Así que sigue lamiendo mi coño, sigue excitándome, cornudo, y déjame preparada y jugosa para él, para que él me disfrute, para que él me folle, para que él me use a su gusto y capricho porque sabe que soy suya, que cuando veo su polla me rindo, me abro de piernas y le ofrezco mi coño como una perra para que lo monte y disfrute. Es mi semental, cornudo, mi hombre, mi macho, mi verdadero placer. Pero no pares, cornudo, no pares de lamerme el coño que saco la fusta del armario ye dejo el culo rojo, como tanto te gusta.

Aunque mejor no, que sé que gozas mucho cuando te azoto el culo y te me distraes de lo principal, de  excitarme para que mi macho me use y me folle, para que él me disfrute, cornudo, porque tú no sabes tratar a una mujer. Eres muy tierno y cariñoso, y yo necesito un macho que me dé caña, que me trate con dureza, que me tome por muna mujer de verdad y me folle sin miramientos, sin miedo. Follada y bien follada que es lo que  yo deseo.

 Y tú también, cornudo. Tú también lo deseas. Te excita verme follada por otro, que goce con otra polla. No sabes gozar de otra manera que no sea con esa humillación, con saberte macho inferior. Eso te pone, te excita y te la pone dura. Te gusta que te humille y que  te haga cornudo, y cabrón,  y que te lo diga constantemente. Y te lo digo. Te lo digo todos los días pues ya no te llamo por tu nombre de pila, sino por “cornudo esto”, “cornudo lo otro”. Incluso te llamo al trabajo y te digo lo cornudo que eres. Y te escribo correos con muchos cornudos y cabrones. Porque sé que lo necesitas. Sé que necesitas que te humille como hombre para poder vivir. Lo  necesitas como el aire que respiras.

 Pero para. Deja ya de lamerme el coño, cornudo. Para porque han llamado a la puerta. Ve a abrir, pero antes ponte mis braguitas para que mi macho vea que aquí  él es el único hombre, el único macho que existe. Para que sepa que es el rey de la casa. Y de mi coño.

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