miércoles, 13 de febrero de 2013

Cornudo sumiso a perpetuidad

Así te quiero ver, de rodillas ante mí. Y ahora adora mi coño, obsérvalo y recréate en su belleza, en los pliegues de los labios, en las gotitas de excitación que caen de él  al verte así, postrado ante él, ante mi, ante mi coño que a partir de ahora será el Norte de tu vida. Míralo bien, cariño, porque jamás podrás penetrar en él, tu polla no es digna de penetrar en este santuario y deberás contentarte con mirarlo. O con mirar como otros sí entran, lo follan y lo gozan y disfrutan a sus anchas, ampliamente, todo lo que yo les deje. Míralo. Te gusta, lo sé. 

Estás loco por besarlo, lamerlo y decirme que me quieres. Dilo. Puedes decirlo. Así, muy bien. Me gusta mucho oírtelo decir, pero ya sabes que jamás lo follarás, que jamás podrás besarlo o lamerlo salvo que antes lo halla follado otro y esté  lleno de su semen. Mi coño sólo podrás besarlo cuando esté follado y bien follado para que tu lengua me lo limpie y le dé descanso y bálsamo. Míralo bien, porque este coño te está prohibido hasta el fin de tu vida. Te morirás si haberlo follado, sin haber follado jamás conmigo. Lo has aceptado. Eso me has dicho. Eso me has suplicado.

Espero que no te arrepientes porque desde este momento ya todo será irreversible. Cedes tu situación de hombre de la casa para convertirte en putita sumisa, en mi siervo, en mi criado, en mi esclavo sin derecho alguno. Porque no tienes derecho alguno sobre mí, ni sobre ti. No puedes masturbarte sin mi permiso, ni salir a la calle sin que yo lo sepa. No puedes hacer nada sin que yo lo autorice. Lo sé. No te importa. Lo aceptas.

 Me parece bien. Me parece estupendo que aceptes tu papel. Que asumas que jamás volverás a ser quien fuiste porque tu nuevo rol es el de cornudo sumiso. Para todo. Y ya veo que te gusta porque se te ha puesto por fin la polla dura. Es la palabra mágica. Te llamo “cornudo” y se te pone dura. Es la única forma de gozar que tienes, la de ser humillado ante otro macho y que la mujer que amas te haga cornudo. Y te lo recuerde. Lo haré, no te preocupes. 

Me excita muchísimo ver como te humillo y tu polla se pone dura. Es lo que más me gusta de ti. Por eso dije que sí, cuando me propusiste salir a cenar. Me gustó esa ternura y sumisión que mostrabas ante mí. Con los demás eras duro, pero conmigo te convertías en un gatito. Se conoce que supiste el pedazo de mujer que yo era.  Y a los dos días acepté salir a cenar contigo.

Sabía que eras el hombre que llevaba años buscando. Y por eso acepté salir contigo. Tres veces. Hemos salido tres veces y ya te has rendido. Y no tan siquiera me has besado. Ni lo has intentado y has hecho bien, porque mis labios, mis tetas, mi coño, mis muslos y mi culo son para los machos de verdad, para mis amantes, para los hombres que te van a hacer cornudo. Y feliz. Muy feliz porque es lo que estabas buscando. Lo supe cuando aparecí ante ti con la fusta la primera noche  y no sólo que no te extrañaste, sino que te pusiste de inmediato de rodillas. Desde entonces no ha hecho falta hablar. 


Ya te he azotado el culo todas las noches y te has ido a casa sin tocarme. Soy tu Diosa. Sólo podrás lamer mi culo cuando te deje. Y mi coño cuando esté recién follado. Sólo eso. ¿Aceptas? Ya veo que sí. Tu polla me dice que sí. Ahora ponte las braguitas y de cara a la pared. 
Así. 
Separa las piernas, y saca el culo que voy a azotarte para excitarme, para estar jugosa cuando venga Abel, mi macho, para follarme. Quiero que vea tu culo rojo y se le ponga dura el verlo, al ver cómo una mujer como yo convierte en alfeñique al que hasta este momento era su jefe. Porque eras mi jefe. Ahora no lo vas a ser. Nos vamos a casar, eso me has pedido, y tú seguirás llevando la empresa, pero con mis bragas bajo los pantalones. 

 Yo me dedicaré a hacerte cornudo con los tíos buenos que voy a ir conociendo al cambiar mi situación. Ahora manejaré tu fortuna, tus negocios, tus empresas, tu yate, tus haciendas y te diré que has de hacer. Y que no. Sobre todo qué no has de hacer. Por ejemplo dejar de darme las gracias cada vez que te doy un latigazo en tu culo y te llamo cornudo. En realidad todavía no lo eres. Todavía no he follado con otro. 

Hace sólo una semana que nos conocemos, pero lo vas a ser dentro de un rato. Y veo que te ha puesto aún más dura y no sé si será por latigazos en mi culo o por la posibilidad de ser por fin lo que siempre has soñado ser: un cornudo sumiso total y absoluto.No te preocupes. Acaban de llamar a la puerta. Es él. Ve a abrir con las braguitas y el cinturón de castidad puesto y cuando le abras la puerta arrodíllate, bájale las pantalones y chupa su polla para invitarlo a que te haga cornudo. Suplícaselo. Quiero que empieces bien tu nueva vida. No te asustes. Él ya lo sabe todo, me conoce desde hace tiempo y está de acuerdo. Después de todo también te conoce mucho. Es tu chófer.

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