lunes, 25 de febrero de 2013

Un cornudo tímido



Sí, cielo. Le acabo de decir a mi marido que lo voy a hacer cornudo y su reacción ha sido ponérsele la polla dura. Tenías tú razón. Quería serlo y no se atrevía pedírmelo. Fuiste tú el que lo viste espiándonos cuando un día vino de la oficina antes de tiempo, nos pillo follando en la cama y en vez de enfadarse, se calló y se quedó tras la puerta del dormitorio espiando por la rendija. Yo no me di cuenta, pero tú sí, me lo dijiste y sospechaste que a él le iba lo de ser cornudo sumiso

Desde entonces hemos estado follando regularmente en nuestra cama de matrimonio y él regresaba antes de tiempo para espiarnos. Sabía cuando venías porque después de todo es tu jefe y sabe cuándo sales por ahí. Así que se viene detrás de ti y se esconde tras la puerta para mirarnos. Yo no lo he visto nunca, pero tú me has dicho siempre que estaba allí, callado, mirando como follábamos.

Hoy me he decidido. Hemos salido a pasear, lo he cogido de la mano, lo he llevado a un lugar apartado del parque y le he bajado los pantalones. Le he dicho que quería acariciarlo en público, que me excitaba la idea. Y mientras tenía su polla en la mano le he confesado que le soy infiel, que tengo un amante y que follo con otro. Y se ha callado, no ha dicho nada y no ha reaccionado hasta que le he dicho: Te he hecho cornudo, cariño.

Y entonces se le ha puesto la polla dura, muy dura. Así que no sólo le gusta ser cornudo, sino que se lo diga, que lo humille. Le va el rollo de sumiso cornudo. Tenías tú razón, cielo. Lo vamos a feminizar, ya se lo he dicho y dice que sí. Le voy a comprar un cinturón de castidad y lo vamos a humillar siempre que follemos. Le he dicho que también lo voy a azotar antes y después de hacerlo cornudo y que a partir de ahora él será el que haga todas las tareas de la casa. Su respuesta ha sido evidente: se le ha puesto la polla más dura. 

Y además le he dicho que voy a ir a su despacho a chuparte allí la polla, en su sillón y su mesa, donde a partir de ahora podremos follar porque a él lo mandaré a hacer algo fuera de su oficina.  Me ha dicho que sí, sin dudar, y lo he seguido acariciando. Ya está en nuestras manos, cielo. Tenías tú razón. Tenía vocación de cornudo, pero era tímido para confesarlo.

No hay comentarios :