miércoles, 20 de marzo de 2013

Me has castigado a no ver mis cuernos

JUEVES.- Te he traído la copa al jardín del chalet, como siempre, y me he puesto de rodillas ante ti para ofrecértela, como siempre. Y tú, como siempre, me has encontrado una falta. Dices que hoy he tardado en suplicarte que me hagas cornudo. Y es verdad. Normalmente te lo suplico cuando te despiertas, pero hoy se me ha olvidado.

Así que me has dicho que el castigo será el más duro y cruel que puedes darme y enseguida he imaginado que no me permitirás asistir a mi puesta de cuernos, al inmenso placer de humillarme por ti, por amor, y ver como me haces cornudo y follas con otro.

Lo he imaginado, porque tú no has dicho nada. Te has bebido la copa, has entrado en casa, has llamado a tu amante y me has dicho que me prepare. Y cuando he regresado con los arneses de castigo, he visto que has ido dejando tus migutias de pan, tu ropa por el suelo que guía hacia tu cama y a mí hacia mis cuernos. Pero esa guía, esas miguitas no son para mi, sino para tu amante. Para que cuando venga las siga y llegue a tu cama, a tu coño. A ese coño que jamás he follado porque desde novios me dejaste claras las cosas y yo acepte porque te amaba y te amo con locura.

Así que cuando ha entrado tu amante (le diste la llave de casa), yo ya estaba preparado en un rincón de tu habitación donde me has dejado arrodillado y atado con mis manos a mis huevos. No podía moverme. Ni verte. Ni veros. Sólo escuchar cómo follabas con él, como gemías, suspiras y te corrías una y otra vez, mientras yo tenía la polla dura, pero no podía ni tocarme.

Creo que ha sido tras el quinto polvo cuando te has apiadado de mi y me has desatado y llevado a la cama, con la condición de que le bese a él la polla mientras te folla. Lo he hecho. Sin dudar, porque sé que cuando más dura se le ponga a él con mis lamidas y besos, más gozarás tú. Y mi placer es ver que tú lo tienes, amor mío. Te amo tanto que la humillación por ti me parece poco.


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