lunes, 22 de abril de 2013

Cornudo aéreo

No te imaginas, cornudo, lo que me excita verte así, suplicando que te ponga los cuernos. Me gusta cuando te humillas, cuando suplicas, cuando te envileces de tal forma que es un inmenso placer hacerte caso.

Me vuelves loca con tu sumisión, con tu entrega, con esa forma tan peculiar que tienes de amarme; de entregarme tu dignidad como hombre para que yo la disfrute a mis anchas. Me vuelves loca, cornudo. Me has pervertido. Has conseguido que sólo goce al humillarte y hacerte cornudo.

Así que no tengo más remedio que reírme de ti, de humillarte, cuando veo tu polla y la comparo con la de mis amantes. Tú tienes un pito, una pollita y mis machos tienen pollones enormes. Lo sabes porque las has visto muy de cerca y además sueles chuparlas y lamerlas antes de que me follen. Te gusta arrodillarte y lamer los huevos del macho que te hace cornudo para reconocerlo como macho Alfa; como el hombre que ha tomado tu vida y a tu querida esposa, y la disfruta como quiere, cuando quiere y donde quiere.

Por eso este fin de semana nos hemos ido  de viaje con tu jefe. Me ha invitado a ir a un hotel del Caribe. Los dos solos, pero le he dicho que no, que el cornudo se viene, que quiero que estés presente mientras me folla. Y ha accedido. Tu corneador es tan buena persona que permite que veas como te hace cornudo. Y que le lamas la polla y le des las gracias por hacerte cornudo.

Por eso cuando hemos subido al avión y ha querido follarme delante del piloto, en la cabina de mando, tú te has puesto a hacer fotos como un poseso. Te gusta tener recuerdos de tus cuernos y ahora ya eres cornudo en tierra y en el aire. Sólo te falta ser cornudo debajo del agua, pero pronto lo serás.


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