martes, 2 de abril de 2013

Tu polla no es digna de entrar en mi coño de Diosa

LUNES.- Has llamado a tu amante y le has comentado  que estoy dispuesto."Date prisa que el cornudo está listo e impaciente. No deja de suplicarme que te llame y que lo haga cornudo", le has dicho por teléfono mientras yo me esmeraba en demostrarte mi amor; que te amo tanto que para mi los cuernos y la humillación son un orgullo que llevo con dignidad.

Porque mi voluntad y mi placer te pertenecen y me siento libre al someterme a tus deseos, a gozar sólo con tu placer al ver que tú lo tienes. Te amo tanto que no entiendo otra forma de comportarme y por eso te entrego el don más sagrado de un hombre: su dignidad de macho para que tú la disfrutes, poseas y hagas con ella lo que quieras.

Y lo haces porque me has pedido que te bañe, que te maquille, que te vista para él, para tu macho, para el hombre que me humilla y hace cornudo. La verdad es que estabas preciosa y sexy. Con ese traje que cuando te agachas deja ver tu coño. Te lo has puesto para que él te vea y se excite más, porque cuando ha llegado te has ido al frigorífico con una excusa y le has enseñado el coño. Y he visto como él se ajustaba la entrepierna, su enorme polla, porque está excitado al verte.

Porque él tiene polla y yo sólo un pito, como tú lo llamas. Y lo he comprendido cuando has vuelto a juntar nuestras pollas para compararlas. La suya es más grande, aunque en realidad eso no tiene importancia porque también me has puesto los cuernos con pollas más pequeña que la mía, porque así, según me dices, me humillas y sometes más porque follas con pollas más pequeñas mientras yo no puedo ni follarte. "Tú polla no es digna de entrar en un coño de Diosa", me dijiste de novios. Y desde entonces.

Y lo he comprendido cuando te he visto follar con él, como te lo follas, como te clavas en su polla y gozas mientras a mi me llamas cornudo e impotente. No lo soy, pero lo acepto de ti porque eso supone que soy un eunuco; el eunuco de una Diosa como tú a la que amo por encima del bien y del mal. Por encima de mi dignidad como hombre.


Y cuando se ha corrido sobre tu barriguita, te he lamido el semen de tu macho, de tu hombre, del hombre que goza el coño de mi mujer y que yo jamás he catado. Antes me daba asco, la verdad y lo lamía rápidamente para acabar cuanto antes. Ahora lo lamo despacio porque sé que te gusta verme y para mí lo fundamental es que tú goces porque yo gozo cuando tú gozas. Esto nadie lo entiende, pero me da igual.

Y cuando se ha ido te has preparado para pasar la noche, para dormir, por lo que me has echado sobre el suelo pues dices que me he portado como un buen cornudo y me permitirás dormir junto a ti, en el suelo, en vez de hacerlo en otro cuarto. El cuarto en el que suelo dormir para no molestarte porque en tu cama jamás lo hago pues dices que una Diosa no puede tener esclavos al lado que la molesten. Que tu cama es el tálamo sagrado de Diosa a la que sólo acceden los privilegiados que te follan, los verdaderos machos. "Tú no eres lo suficientemente hombre como para dormir en ella", me has dicho siempre.  Así que mi mayor premio es dormir a tu lado, pero en el suelo, junto a tu cama, pendiente de tu sueño. Te amo, mi querida esposa, aunque me hagas cada día más cornudo. Gracias, mi vida, te he dicho   antes de quedarme dormido.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Sí, es verdad, no soy un hombre de verdad. Tengo una minipolla, me corro enseguida... no merezco estar con una diosa como tú. Mereces alguien mejor. Gracias por dejarme lamerte los pies, es lo máximo a lo que puedo aspirar.