miércoles, 1 de mayo de 2013

Soy su puta, su perra, su zorra...

No sólo que no lo puedo evitar, sino que se lo suplico. Le suplico ser su zorra, su perra, su puta. Se lo suplico de rodillas todos los días en cuanto lo veo. Me desnudo, me arrodillo y le cojo la mano para besársela  y suplicarle. Hazme tuya, amor. No tengas piedad y sómeteme, quítame mi voluntad y méteme la tuya para que sólo sea un cuerpo que se ofrece para tu placer y el de quien tú quieras.

Eso le digo todos los días varias veces. Se lo suplico una y otra vez, pero él no me hace mucho caso porque sólo me folla una vez al día, en su despacho, pues también tiene otras chicas que quieren ser sus putas. Es un hombre de verdad, de esos seguros de sí mismos que no necesitan preguntar. Cogen lo que quieren, lo que necesitan y lo usan.

Me coge, me folla y me deja sin necesidad de pedir permiso o hablar. De hecho no habla. La única que hablo soy yo, entre mamada y mamada a su polla, para suplicarle que me emputezca un poco más. A veces me deja en el balcón de su casa como una perra y luego me coge y me folla, pero quiero más.

Y me ha hecho caso porque me ha puesto un piso para que acuda allí todas las tardes cuando salga del trabajo, pues es allí donde quiere emputecerme, donde enviará a sus clientes o amigos para que me follen. Y a sus amantes bisexuales porque quiere que sea puta total y también folle con mujeres. Me ha dicho que me dará a mí todo el dinero, pero yo le he dicho que no,  nunca, que jamás lo cogería porque quiero ser su puta total y que se quede él todo el dinero que saque el prostiituirme. Soy su zorra, su perra y ahora su puta oficial y profesional.

Te digo esto, cariño, porque me estoy arreglando y maquillando para él y voy a venir a casa tarde. Me gustaría que le dieras de cenar a los niños y que te acostaras. No me esperes. Y no te quejes porque fuiste tú el que me introdujiste en los tríos y el intercambio de parejas.

Él que dijo que tenía la fantasía de que su mujer follara con el jefe. Yo me resistí, ¿te acuerdas?, pero una vez que follé con él, por complacerte, vi que se abría ante mi un mundo nuevo. Ahora ya no puedo evitarlo. Soy suya, cornudo. Su puta, su perra, su zorra, su cerda. Y soy cada día más feliz de serlo.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Mi mujer tiene macho fijo y también la ha emputecido.